luna la constante

Cierro mis ojos, junto mis parpados.
Dejo que mis pestañas se abracen, le impido la entrada a la luz en mis ojos.
Cierro la ventana de la realidad, abro la de la imaginación.
Me veo envuelta de noche, cubierta en estrellas, puedo ver mi respiración bailando al son de la brisa.
La brisa…deja un gusto salado en mi rostro…
Puedo oír el cantar de las sirenas, y la lucha de las olas con las rocas.
Mi pelo…está suelto, alguien lo acaricia, puedo ver su mano,
Es grande, ancha, fuerte, viril.
Mis manos…siento la arena entre mis dedos.
Mis labios…están húmedos.
¿Qué miro?...sus ojos. Sí, resaltan entre la oscuridad violácea,
Brillan…hay algo en ellos, el reflejo de algo…
¡La luna!, hay luna llena…
Ahora miro la luna, suaves y esponjosas nubes forman un túnel a su alrededor…
Quiero trepar por ellas, quiero recostarme sobre ellas, brincar en ellas.
Ahora mis pies están mojados, huyo de las olas, en un infantil juego.
La arena húmeda se cuela entre mis dedos, voy corriendo hacia él.
Me abraza, puedo sentir sus fuertes brazos que no me liberan.
Me despoja del frío.
Me siento indefensa, pequeña, vulnerable.
Me llama la atención un lucero, brilla más que ninguno, está solitario…
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Siento pequeños gigantes caminar por mi espalda, un escalofrío me recorre el espinazo.
Convulsiones azotan mi palpitar y el de él.
Un calor, un sudor frío que parte en mi frente y recorre cada recoveco de mi.
Nuevamente el frío…me cubre con su cuerpo. Dibuja y esculpe mi silueta con sus manos.
El silencio abismal nos absorbe, las palabras se deshacen en la punta de la lengua, antes de que puedan respirar.
Nuestros cuerpos hablan por nosotros. Me siento tan frágil en medio de la inmensidad.
La luna está tan estúpidamente hermosa.
Poco a poco nos desvanecemos y nuestros suspiros quedan flotando en el aire.
El mar se chupa, la arena se evapora.
Abro los ojos, miro hacia el cielo…sí, la luna sigue ahí, tan hermosa como siempre.
Camino a casa, sacudo mi pelo…aún queda arena en él.